En los rincones remotos de la provincia de Julcán, en la región de La Libertad, se libra una batalla silenciosa pero desesperada por un recurso vital: el agua potable. En estas tierras, la ausencia de acceso a redes de agua segura se ha convertido en una cruel realidad para muchos pobladores, quienes se ven obligados a recurrir a manantiales y fuentes de agua turbia para satisfacer sus necesidades básicas. La lucha por sobrevivir se complica aún más con la amenaza inminente del Fenómeno de El Niño Global, que promete lluvias descontroladas en la costa y sequías devastadoras en las regiones andinas.
El agua, esa fuente primordial de vida y salud, ha dejado de ser un recurso garantizado para las comunidades de los caseríos. La imagen de habitantes recorriendo largas distancias para recolectar agua de manantiales de tonos oscuros y turbios se ha vuelto una realidad cotidiana. El líquido recogido en estos lugares no solo carece de la calidad necesaria para el consumo humano, sino que también representa una amenaza constante para la salud de aquellos que no tienen más opción que beberlo.
El caso de Yanag, en el distrito de Carabamba, es un ejemplo concreto de esta dura realidad. Los habitantes de este caserío deben recoger agua de un puquial en condiciones precarias y luego cargarla en burros o mulas para llevarla a sus hogares. El líquido recolectado es turbio y debe reposar para que las impurezas se asienten antes de poder ser utilizado para cualquier propósito, incluso el consumo humano. La urgencia de la situación ha llevado a algunos pobladores a pedir que se analice su orina para comprender las consecuencias del consumo forzado de este agua contaminada.
Ante esta crisis hídrica, los habitantes de Julcán claman por la intervención de las autoridades nacionales y regionales. Las municipalidades locales carecen de los recursos necesarios para emprender proyectos de infraestructura de agua potable.
La preocupación no se limita a la falta de acceso al agua potable. Los resultados desfavorables de un estudio del agua en Yanag han arrojado luz sobre la gravedad de la situación. El agua contaminada con la que los pobladores se ven forzados a lidiar está directamente vinculada a la propagación de enfermedades graves como el cólera, la diarrea, la hepatitis A, la fiebre tifoidea y más. Además, la contaminación del agua también contribuye al retraso del crecimiento y a la resistencia a los antimicrobianos.
