Prólogo
La democracia que se vive en los últimos tiempos en el mundo occidental no está pasando por buenos momentos. Bauman calificó que, en casi todo el planeta, hay Estados en crisis; igual ocurre en América Latina y, particularmente, en el Perú, tenemos también crisis del Estado, que se prolonga en la gobernabilidad de nuestro sistema democrático.
La democracia mantiene permanentes reflexiones en sus teóricos, que vienen ancladas desde la antigua Grecia y se prolongan en el medioevo hasta trepar en los tiempos de la actual modernidad; pero todas estas reflexiones provienen y van al mundo académico (politólogos, sociólogos, filósofos, políticos, periodistas o comunicadores); sin embargo, en la vida cotidiana, a las personas, lo que les interesa es que el Estado garantice sus derechos y libertades, sus proyectos de vida. En términos más concretos, contar con la garantía de un trabajo y, con ello, con un espacio donde se afirme el bienestar; para que así puedan consolidar sus proyectos de vida y el respeto a sus libertades. Es así como los ciudadanos, cada cierto tiempo, participan de un rito de una mera democracia formal: hipotecan sus votos en partidos y movimientos políticos, a fin de que puedan llegar a cumplir lo prometido en sus alforjas de esperanzas. De este modo, los candidatos apelan al populismo y ofrecen todo lo que quiere escuchar el lector.
Río de tinta existen sobre la democracia, muchas de naturaleza panfletaria y de reflexión feble; otras que son las grandes construcciones que modelaron los clásicos del pensamiento político y auspiciaron el arquetipo del ideal de una democracia, que lleve —como decía Bobbio—, a la realidad, las utopías realizables. Los políticos invocan a la democracia en el día a día, así sean de cualquier corriente ideológica; pero tras su construcción, la democracia, en su evolución histórica, ha sido creada a través de grandes revoluciones que se desencadenaron a partir del siglo XVIII; por lo que su gesta, su lucha y su preservación ha sido no a través de la tinta de los teóricos, sino de la sangre que se ha vertido para crearla y preservarla: ¿quién estaría en contra de un gobierno democrático? Curiosamente, hasta los tiranos y dictadores han adornado sus palabras y discursos con este término y, de tanto usarla, ella se ha devaluado. En los predios de la ciencia y de la filosofía política, suele utilizarse la primera para explicar cómo se despliega el poder en términos fácticos; en la filosofía política, su reflexión trata de imponerle correctivos a la dinámica de la democracia mientras apela a consideraciones del mundo ético y de valores ideales que forman parte de la civilización humana y del mundo occidental.
Sin embargo, una democracia, en su acepción moderna y práctica, debe construirse bajo determinados presupuestos que solo se lo otorga un mítico documento, al que la historia de las ideas políticas le denomina Constitución.
No podemos hablar de democracia donde hubo comunismo —en su primera variante, fue el socialismo—, que no es más que la presencia de la otra cara del nazi-fascismo y que, en ambas, el saldo desolador fue de millones de muertos. El nacional socialismo del tercer Reich sepultó la democracia que había inaugurado el sublime texto de la Constitución de Weimaren 1919; curiosamente, ella prohijó el proyecto político más espantoso que ha tenido la humanidad.
El siglo XX, como se sabe, sepultó también dos grandes ismos distópicos: el socialismo y el nazi-fascismo, y, aparentemente, quedó la democracia liberal como la gran triunfante. Sin embargo, actualmente, en América Latina, sigue recorriendo un fantasma que asola a la vecindad de nuestra región: el autoproclamado socialismo del siglo XXI. Empeñados en construir una alternativa a la democracia constitucional republicana, grupos y movimientos —y, como no, individualidades pertrechadas de corrección política— autoproclamados ínclitos de virtudes pontifican la alternativa de una nueva democracia, levantadas también en el campo jurídico a través de un caballo de troya llamado nuevo constitucionalismo, que fue igual a lo que levantaron los modelos del fracaso del siglo XX, donde los ismos del socialismo-comunismo tanto como el nazi-fascismo fueron proyectos de muertes anunciadas. Al margen de todos estos discursos y discusiones que se pierden en las procelosas aguas de la historia del pensamiento político, no cabe duda de que una democracia debe garantizarse a través de una Constitución, siempre y cuando, en ella, se cumpla con la alternancia del poder, una verdadera división de poderes, que cada órgano del Estado no invada las prerrogativas competenciales en los otros órganos; que la ciudadanía sepa las reglas jurídicas allí establecidas y que, si ocurre algo, la justicia debe ser eficiente y eficaz para devolverle a sus titulares el derecho que les corresponda. En suma, Constitución y democracia es un nexo inexorable que garantiza una convivencia de libertad y tolerancia, que permita las discrepancias en el marco del respeto de las libertades.
Una democracia constitucional no solo necesita del soporte de un texto que regule las rutas de cómo se debe manejar el estatuto del poder sin incurrir en arbitrariedades, también la democracia parte del componente cultural de su propio pueblo. En el Perú, poco a poco, su ciudadanía viene afirmando y consolidando un tenue sentimiento constitucional de identidad a los valores y principios constitucionales; sin embargo, nuestra patria, lamentablemente, es un país sin verdaderos partidos políticos que estén a la altura de los retos contemporáneos. Una mirada a la ventana de nuestra realidad resulta decepcionante: aún no se consolida una cultura política que apueste por la democracia. Está claro que la culpa no es del ciudadano común y corriente, pues millones de ellos solo están afanados en el diario vivir para obtener la subsistencia de la familia; el problema recae en que aún no se ha llegado, aquí en el Perú ni en América Latina, a generar grandes políticas gubernamentales que consoliden una democracia plena en la individualidad y colectividad de su población.
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El presente libro, estampado bajo el título genérico de Constitución y democracia, reúne diversos trabajos que dan cuenta de una cronología de 30 años de la Constitución de 1993, que nace de un régimen que devino en de facto, pero que, contra todo pronóstico, se mantiene con sucesivas reformas y con la interpretación constitucional que le ha venido dotando el Tribunal Constitucional, que, en ambas simbiosis, ha generado una apuesta a preservar y mantener una democracia constitucional. Así, este libro reúne seis trabajos expresados en sus correspondientes capítulos, que tienen, de una u otra manera, un solo hilo conductor relacionado a nuestra democracia, a partir de la vigencia de la Constitución de 1993.
El capítulo primero se publicó en el año 2000[1], en la que, en parte, colaboró el profesor José F. Palomino Manchego; se ha reestructurado contemporizando la visión sobre lo que trae de bondades y defectos, en donde mantenemos una postura crítica del texto constitucional, el cual, en su momento, debía impulsar las reformas que el Perú necesita. El capítulo segundo se publicó, originalmente, en México[2]; comprende una visión de cómo el Tribunal Constitucional ha venido interpretando, a lo largo de estos 30 años, entre lo que dice el texto y lo que debe ser entendido por su intérprete supremo; cubre, en líneas generales, una verdadera visión de conjunto de la Constitución a 30 años de su desarrollo. El capítulo tercero[3] enfila una reflexión sobre una falacia burda que, de vez en cuando, asoma en América Latina y en el Perú: que una Constitución es la que puede causar los males en un país y que, al cambiarse por otra, sería la solución a los problemas. En este capítulo, hacemos el deslinde de las pretensiones ideológicas y políticas de los actores políticos de la vieja y nueva izquierda, que postulan la necesidad de que se convoque a una Asamblea Constituyente, que sería el órgano para elaborar una nueva Constitución, situación que puede ser el recto camino al abismo del país, dado que el proyecto de quienes lo auspician es del autoproclamado socialismo del siglo XXI. El capítulo cuarto[4] describe los momentos de decisión del electorado en el marco de la segunda vuelta, que es una historia reciente y que termina con la presidencia de Pedro Castillo: allí, reflexionamos sobre la ética de las convicciones y la ética de la responsabilidad que planteara en su momento Max Weber. Al final, esta breve historia era previsible: fue una verdadera irresponsabilidad del electorado haber elegido a un régimen de la extrema izquierda que ha llevado a ahondar la crisis política que aún tenemos, pues seguimos siendo una democracia incierta. El capítulo quinto ha sido titulado «Sociología y Derecho. Una aproximación en torno a la inmunidad parlamentaria»[5]; es también otra pésima experiencia que ha vivido el país con reformas constitucionales, como la de haber suprimido la inmunidad parlamentaria, que forma parte del saldo negativo que hemos heredado del gobierno de Martín Vizcarra. Finalmente, el capítulo sexto[6] es una aproximación de las tendencias del constitucionalismo latinoamericano en el contexto de la globalización.
En buena cuenta, son seis trabajos escritos y sustentado vías diversas conferencias dentro y fuera del país, en diversos ritmos y tiempos, pero siempre manteniendo un solo derrotero: que la constitución, más allá de sus imperfecciones normativas, sea siempre la norma fundamental que guíe a nuestros gobernantes a llevar a buen puerto nuestra frágil embarcación, que no debe naufragar en las tempestades de estos inciertos tiempos de crisis de Estado, de Estados en crisis y hasta de Estados fallidos inoperantes en la seguridad ciudadana. Estos 30 años de constitucionalismo peruano constituyen un buen motivo para que, no solo desde los predios académicos, sino de los que deciden entrar en la política peruana, asuman roles de responsabilidad, de servicio y entrega, sin banalizar la actividad política a través de narcisismos galopantes, la aventura de ser los conductores que lleven la barca del país al puerto de un gran proyecto político de estabilidad democrática para toda nuestra sociedad.
Gerardo Eto Cruz
[1] Eto Cruz, G. Bondades y defectos de la Constitución Política del Perú de 1993. Lima: Gaceta Jurídica, 2000.
[2] Eto Cruz, G. y García Belaúnde, D. Constitución Política del Perú. Ciudad de México: Instituto de Investigaciones Jurídicas, 2015. La edición peruana lleva el título: Historia y dogmática. Lima: Editorial Adrus, 2016.
[3] Eto Cruz, G. «La Constitución como la causante de los males y la solución de los problemas: una falacia política que asola Latinoamérica». En Cáceres Arce, J. L. (Coord.). Libro de ponencias del XV Congreso Iberoamericano de derecho constitucional. Constitucionalismo: democracia a la defensiva. En homenaje a Héctor Fix-Zamudio. T. I. Arequipa: Fondo Editorial de la Universidad Católica Santa María, 2022, pp. 278 y ss.
[4] Eto Cruz, G. «PERÚ: Qué pasó. Un quinquenio de desvaríos (2016-2021). Prolegómenos de un Bicentenario y unas elecciones entre la ética de las convicciones y la ética de la responsabilidad». En Blume, E. (Coord.). Reflexiones constitucionales sobre el bicentenario. Significado, importancia y retos en la forja del Estado Constitucional peruano. Lima: Centro de Estudios Constitucionales, 2021, pp. 225-243.
[5] Eto Cruz, G. «Sociología y derecho: una aproximación en torno a la inmunidad parlamentaria». En García Belaúnde, D. y Tupayachi Sotomayor, J. (Coords.). Inmunidad e inviolabilidad parlamentaria. Una mirada a la experiencia peruana y comparada [pról. de D. Valadés]. Lima: Instituto Pacífico, 2021, pp. 137-190.
[6] Eto Cruz, G. «Una Visión Constitucional de la Globalización desde la perspectiva latinoamericana». Se publicará en Las memorias del V Congreso Internacional sobre Derecho y Justicia Constitucional, celebrado los días 20 y 21 de octubre de 2022 en Santo Domingo, República Dominicana, bajo los auspicios del Tribunal Constitucional. Igualmente, se publicará en el Libro de las ponencias del XIV Congreso Nacional de Derecho Constitucional, que será realizado los días 2, 3 y 4 de noviembre del 2023.
