Por Javier Colina Seminario.
Ha tenido mucha difusión el reciente discurso del presidente Milei en el Foro Económico Mundial de Davos. Casi de inmediato, con “efecto resorte”, muchos se han prodigado en alabarlo y presentarlo como el modelo político a seguir.
En lo personal, creo que la crítica que hace al socialismo es correcta. El fracaso de ese modelo es evidente en todos los continentes. Sin embargo, Milei ve el mundo en solo dos dimensiones: la suya que es la válida, y aquella otra donde están todos los demás (fascista, socialistas, socialdemócratas, democristianos, etc.) a quienes mete en un mismo saco colectivista sin matices.
Uno de los asuntos que más llama la atención en su discurso es su visión de la Justicia Social. Al respecto ha dicho en Davos: “El problema es que la justicia social no solo no es justa sino que tampoco aporta al bienestar general. Muy por el contrario, es una idea intrínsecamente injusta, porque es violenta. Es injusta porque el estado se financia a través de impuestos y los impuestos se cobran de manera coactiva ¿o acaso alguno de nosotros puede decir que paga los impuestos de manera voluntaria? Lo cual significa que el estado se financia a través de la coacción y que, a mayor carga impositiva, mayor es la coacción, menor es la libertad”
Como se observa, el presidente argentino tiene un concepto negativo de la justicia social, como si esta fuera un ave rapaz que despoja al que tiene para engullir su propio buche estatal.
Esa óptica libertaria extrema es contraria por ejemplo a lo que enseña la Doctrina Social de la Iglesia -DSI. La DSI es eso: Doctrina. Es decir, la posición oficial de la Iglesia sobre los temas sociales. Es teología social. El Compendio de la DSI fue promulgado por Roma en junio del 2004 durante el pontificado de Juan Pablo II; por ende, forma parte del corpus de creencias que todo católico debe aceptar. La DSI no es una opinión clerical o de un grupo de cristianos, forma parte del conjunto de creencias tanto como la defensa de la vida y la exclusividad del matrimonio para parejas de diferentes sexos.
Dice la iglesia en el Compendio de la DSI N° 201: “El Magisterio social invoca el respeto de las formas clásicas de la Justicia: la conmutativa, la distributiva y la legal. Un relieve cada vez mayor ha adquirido en el Magisterio la justicia social, que representa un verdadero y propio desarrollo de la justicia general, reguladora de las relaciones sociales según el criterio de la observancia de la ley. La justicia social es una exigencia vinculada con la cuestión social, que hoy se manifiesta con una dimensión mundial; concierne a los aspectos sociales, políticos y económicos y, sobre todo, a la dimensión estructural de los problemas y las soluciones correspondientes”
Esa visión de desprecio por la Justicia Social contraviene por lo menos dos de los principios de la DSI y, por ende, del cristianismo: el principio de Solidaridad, que exige a cada cristiano estar atento al prójimo y sus necesidades y el principio de Destino Universal de los Bienes del cual trata ampliamente el Compendio del DSI. Obviamente que para un sector estos principios huelen a “caviarismo” puro y duro. Si lo entienden así, entonces cuestiónense su pertenencia al cristianismo.
Milei y el Estado
De otro lado, Milei es un anarquista. Su utopía es un mundo sin Estados. En su discurso de Davos hay varios pasajes en los que demuestra palpablemente su aversión al Estado. Al final de su intervención proclama “El Estado es el problema mismo”. El anarquismo de Milei encuentra en eso coincidencia con la utopía del Materialismo Histórico, que en su versión extrema igualmente vaticinaba una sociedad comunista sin necesidad de Estado.
Al igual que el comunismo, el afán de los anarcocapitalistas como Milei, no tienen en cuenta que el Estado es una derivación natural de vivir en sociedad. El Estado no es producto de la voluntad sino de la necesidad de la convivencia humana. No es culpa del Estado los malos gobernantes, es culpa de los malos gobernantes que se haga mal uso del Estado. Es como si pretendiéramos eliminar a la familia porque hay familias disfuncionales, violencia familiar y abuso sexual dentro de la familia, etc. La respuesta obviamente no es eliminar la familia, sino sancionar a quienes actúan mal dentro de ella. Igual, sancionemos a los malos gobernantes y no pretendamos desaparecer a los Estados; de lo contrario nos podríamos parecer a la distopía de Mad Max II.
