Por: Alfonso Chunga Ramírez
Los búfalos caminan toda su vida acabando con los pastos por los que pasan. La mamá búfalo no deja de caminar al parir. A diferencia de la madre materna, no puja, empuja al crio que cae al monte en medio de la manada, que es peor que nacer en medio de una noche negra, lúgubre y tempestuosa. Si el bufalito se levanta y camina, será búfalo. Si no lo hace rápido, la manada lo pisoteará hasta quedar listecito para cuero de botas vaqueras.
Nuestra madre materna nunca haría eso. El escuincle nace y allí no más ya está en el regazo de las poesías debutando en lo de los besos, los mimos, los arrumacos y así hasta el primer berrido que es la campana que anuncia que llegó la hora de inaugurar la etapa del mamón. Madre materna saca la teta y el enano entra en su zona de confort: mamar, dormir, berrear.
Algunos seres humanos superan esta etapa, dejan la teta se lanzan al mundo a probar que la humanidad está llamada a cosas superiores. La mayoría en cambio, se queda en la teta, y cuando madre materna ya no rinde se hacen burócratas, o jueces, u opinadores. Sólo así pueden mantener su régimen de mamar, dormir, berrear.
Antonio Banderas citó unas encuestas según las cuales el 75% de los españoles jóvenes aspiran a ser burócratas, mientras que en Estados Unidos, el 75% aspira a tener su propia empresa. Los españoles nos heredaron la mamonería e incluso tenemos una ley: El vive fuera del Presupuesto Público, vive en el error.
A la luz estridente de los últimos acontecimientos, podríamos asumir que uno de los requisitos para ser juez, es haber perdido todos los juicios para los que fue contratado. Falso. El requisito es no haber participado jamás en un juicio. Cumplido el trámite del título, guarecen su adolescencia en los pasillos judiciales, ascienden a jueces y en one se manifiestan como decrépitos. No hay excepción que haga tolerable la regla.
Coincido con aquello de que las generalizaciones son arbitrarias. Esto no es una generalización.
La purulencia en los tribunales es tan ostensible y tan ostentosa que no hay juez que la desconozca. Si hay algún juez de fallos justos tiene responsabilidad y culpa por no denunciar las trapacerías de sus colegas. Así que por acción, comisión u omisión, todos los jueces están metidos en la mermelada, la otra mermelada.
Este es un sistema que ha cumplido 476 años, un sistema impuesto por Carlos V cuando creó la Audiencia y Cancillería Real de Lima, delegando su regio poder a Juan Alonso Alvarez como primer Oidor del Virreinato, crápula que exhibía como sus mejores títulos el haber sido compañero de correrías del emperador y socio de sus gonorreas.
Que el Presidente de la Corte Suprema amanezca venteado y proponga resolver a la salvadoreña el problema del crimen en nuestro país, escasamente nos prueba que todos los días podemos superar el récord de la conchudez. Si en verdad quisiéramos una solución a la salvadoreña, los primeros que deben ir presos son los jueces.
