Gobernanza, rectoría y liderazgo

Principios, valores e instrumentos para un país saludable y feliz.

Por Fernando Ignacio Carbone Campoverde.

Un país saludable y feliz, se desarrolla de forma similar a un árbol, que es cuidado para que cobije y proteja a todos los que vivan bajo su copa.

Se parte de raíces fuertes y profundas: las propuestas contenidas en las Conferencias Mundiales de Salud de Alma Ata (1978; Atención Primaria de la Salud), Ottawa (1986; Prevención de Riesgos y Promoción de la Salud), Helsinki (2013; Salud en Todas las Políticas) y Astana (2018; APS Ahora). El terreno fértil para su crecimiento apropiado está compuesto por experiencias nacionales y externas, la participación intra, inter y transectorial (autoridades, organizaciones de base y población entre otros actores) y diversas fuentes diagnósticas (Análisis de Situación de Salud – ASIS, Estudios de Carga de Enfermedad, evaluación de las Funciones Esenciales de Salud Pública – FESP, entre otras).

A partir de lo anterior, crece un tronco y ramas robustos y fuertes, que permitirán progresivamente la transformación de la salud (universalización del acceso y la cobertura, unificación del sistema y abordaje multisectorial de la misma). Sus componentes esenciales son la Gobernanza, la Rectoría y el Liderazgo.

LA GOBERNANZA ES IMPRESCINDIBLE. Ella implica interdependencia, articulación y coordinación de los aspectos políticos, sociales, económicos y administrativos, entre las organizaciones de los tres niveles de gobierno. De las tres formas que la Gobernanza puede adoptar (jerárquica, otorgada por la autoridad; económica, dictada por el mercado), es la heterárquica (redes autoorganizadas y asociaciones) la mejor para un sistema sanitario. En la Pandemia de la COVID – 19, la gobernanza en salud fue esencial para luchar contra la misma.

LA RECTORIA ES IRRENUNCIBLE. Implica ejercer la autoridad sanitaria con sapiencia, conciencia y decencia (las virtudes que caracterizaron el actuar de Daniel Alcides Carrión García, Manuel Núñez Butrón y David Tejada de Rivero, entre otros destacados peruanos). La rectoría implica no abdicar de las responsabilidades sectoriales, dejando que otros llenen el vacío generado por la ausencia de una autoridad competente y diligente.

EL LIDERAZGO HACE LA DIFERENCIA. Las personas siguen a los líderes que dan la talla y piden a sus compañeros de labores, aquello que ellos fueron capaces de hacer primero. El liderazgo requiere una visión de largo plazo y la capacidad de arrastrar a la gente tras un ideal, que el líder ayuda a creer y sentir posible. No basta con ser un “jefe por designación formal u oficial”: hay que ganarse el espacio. Mas que líderes, necesitamos estadistas – visionarios, capaces de hacer sentir a los equipos de salud que el cambio de paradigmas es algo tangible y posible, no con discursos vacíos, sino con empatía e inteligencia emocional y, sobre todo, con un ejemplo de vida; servir para que otros sirvan.

Gobernanza, rectoría y liderazgo apropiados, dan pie a la GESTION HONESTA Y EFICIENTE de la salud; esa es la savia que alimenta y nutre todo el árbol, lo mantiene vivo, permitiéndole desarrollar y sostenerse en el tiempo.

Raíces, tronco y ramas que crecen erguidas y derechas, resistirán los embates más adversos y permitirán frutos abundantes; podemos citar entre estos últimos a: la Política Nacional Multisectorial de Salud (PNMS) al 2030[1]; el Plan Estratégico Nacional de Desarrollo al 2050 (PEND)[2]; la Propuesta Consensos Por el Perú (Unificación del Sistema de Salud, elaborado por el Acuerdo Nacional – AN); la Agenda de Unificación Digital al 2025; el Modelo de Cuidado Integral de Salud por Curso de Vida para la Persona, Familia y Comunidad (MCI; en proceso de implementación) y las Redes Integradas de Salud (RIS). A los anteriores se suman normas e instrumentos diversos, que se alinean en un todo que es a su vez la suma armoniosa de las partes; con ellos es posible construir el “Estado Futuro Ecosistémico Nodal De La Salud”, El “Cuidado Integral de la Salud, por Todos, para Todos”[3].

Este árbol crece al amparo del reglamento de la ley que fortalece la rectoría del MINSA[4], que señala (artículo 16) que los “: objetivos prioritarios, lineamientos, contenidos principales de las políticas públicas, los estándares nacionales de cumplimiento y la provisión de servicios, … estrategias, metas, programas, … instrumentos  de aplicación de carácter público…… orientan el accionar de las entidades del gobierno  nacional, de los gobiernos regionales y de los gobiernos  locales; así como del sector privado, la sociedad civil y la población en general, para la promoción y protección de la  salud y vida de las personas… Y TIENEN CARÁCTER VINCULANTE…”.

Es tiempo de tomarse todo lo anterior en serio. No se trata de solo de experticia y conocimientos (requisito obligatorio de todo gestor, decisor y operador sanitario), sino de personas con principios, valores y comportamientos éticos, morales, deontológicos y humanísticos.


[1] PNMS; elaborada por 14 sectores, el Consejo Nacional y los 25 Consejos Regionales de Salud, y el Centro Nacional de Planeamiento Estratégico – CEPLAN. DS N° 026-2020-SA y su Plan Estratégico Multianual – PEM (2021).

[2] PEND; elaborado por todos los sectores del Estado y el CEPLAN; componente salud, a partir de la PNMS. Decreto Supremo N° 103-2023-PCM.

[3] Dr. David Tejada de Rivero. Que es la APS.

[4] Reglamento de la Ley 30985, DS 030 2020 SA.