“Gasté mucho dinero en coches, mujeres y alcohol. El resto lo malgasté”, así se presentaba George Best . Este futbolista norirlandés, nacido el 22 de mayo de 1946 en Belfast, se convirtió en uno de los jugadores más famosos y reconocidos de la década de 1960, pero su carrera se vio truncada por sus adicciones y un estilo de vida desenfrenado.
Desde sus primeros años, Best demostró un talento excepcional para el fútbol. A la edad de 15 años, firmó su primer contrato profesional con el Manchester United, uno de los clubes más grandes de Inglaterra. A medida que su habilidad en el campo se hizo evidente, también comenzaron a surgir los primeros indicios de su personalidad rebelde y propensa a la autodestrucción.
Best se convirtió rápidamente en un ídolo de masas y en un símbolo de la cultura de la «Swinging London» de los años 60. Su juego audaz y creativo lo llevó a ser reconocido como uno de los mejores futbolistas de su generación. En 1968, guio al Manchester United a la victoria en la Copa de Europa, anotando un gol en la final contra el Benfica. Este logro le valió el reconocimiento internacional y elogios por su extraordinaria habilidad en el campo.
Sin embargo, detrás de su éxito deportivo, Best luchaba con una serie de adicciones que acabaron por controlar su vida. El alcohol fue su mayor enemigo, y su adicción a esta sustancia lo llevó a numerosos problemas tanto dentro como fuera del campo. A pesar de su talento, Best se perdió partidos, entrenamientos y oportunidades debido a sus excesos.
Su comportamiento errático y su indisciplina llevaron al Manchester United a separarse de él en 1974. Best pasó por varios clubes en diferentes países, pero nunca pudo recuperar la grandeza que una vez había mostrado. Su carrera se vio ensombrecida por sus problemas personales, y aunque hubo destellos ocasionales de su genio en el campo, su adicción al alcohol le impedía mantener una consistencia.
Fuera del fútbol, Best también llevó una vida de excesos. Era conocido por su estilo de vida lujoso y por frecuentar los lugares más exclusivos de la alta sociedad. Su vida nocturna desenfrenada y sus relaciones tumultuosas con mujeres hermosas lo convirtieron en un ícono de la cultura popular de la época.
A pesar de su caída en desgracia, George Best dejó un legado imborrable en el mundo del fútbol. Su habilidad con el balón y su estilo de juego innovador influyeron en generaciones posteriores de futbolistas. Su impacto en el deporte fue reconocido en 2002, cuando fue incluido en la lista de los 100 mejores jugadores vivos de la FIFA.
La historia de George Best es una trágica pero cautivadora. Su talento innato en el campo contrastaba con su lucha contra las adicciones y su estilo de vida autodestructivo. A pesar de los obstáculos que enfrentó, su nombre quedará grabado en la memoria de los amantes del fútbol como uno de los jugadores más talentosos y carismáticos de todos los tiempos.
