Bajo las tranquilas aguas turquesas del lago Ohrid, conocido como la «Perla de los Balcanes», yace un fascinante enigma del pasado. Los arqueólogos han desenterrado lo que podría ser una de las primeras comunidades sedentarias de Europa, un asentamiento que data de hace aproximadamente 8,000 años. Este descubrimiento arroja luz sobre las antiguas formas de vida y desencadena preguntas intrigantes sobre por qué esta aldea dependía de barricadas defensivas únicas en su tipo.
El lago Ohrid, uno de los más antiguos del mundo, alberga este enigma en sus profundidades, específicamente en la orilla albanesa, donde se encuentra la aldea lacustre de Lin. Durante los últimos cuatro años, un equipo de arqueólogos suizos y albaneses, liderado por el catedrático de Arqueología de la Universidad de Berna, Albert Hafner, ha estado realizando excavaciones meticulosas y fascinantes en busca de pistas sobre la vida prehistórica en esta región.
Se cree que esta antigua aldea fue hogar de entre 200 y 500 personas, cuyas casas se construyeron sobre pilotes, una elección arquitectónica que permitió la adaptación a la fluctuación de las aguas del lago. Sin embargo, lo que realmente ha capturado la atención de los expertos son las defensas inusuales que rodeaban esta comunidad. Durante una de las inmersiones de investigación, los arqueólogos encontraron evidencia de miles de tablones con pinchos, formando barricadas defensivas que rodeaban el asentamiento.
La pregunta fundamental que ha desconcertado a los investigadores es: ¿Por qué esta comunidad prehistórica necesitaba construir tal sistema defensivo extenso? La respuesta a este enigma sigue siendo esquiva, pero los científicos están abordando el desafío con ingenio y paciencia. La teoría principal es que estas defensas eran esenciales para proteger a los aldeanos de posibles amenazas o conflictos con otros grupos.
Para entender mejor esta antigua aldea y su entorno, los arqueólogos han utilizado diversas herramientas y técnicas. El análisis de los anillos de los árboles fosilizados encontrados en el lago proporciona información valiosa sobre las condiciones climáticas y ambientales de la época. Esto, a su vez, contribuye a reconstruir la vida cotidiana de los habitantes de la región hace miles de años.
Aunque se ha especulado que la aldea dependía de la agricultura y la cría de ganado, aún queda mucho por descubrir. El proceso de excavación es complejo y lento, ya que se realiza con extrema precaución para preservar los restos arqueológicos en su estado original. Además, el descubrimiento de semillas, plantas y huesos de animales salvajes y domesticados ofrece pistas intrigantes sobre las prácticas alimentarias y la relación de la comunidad con su entorno.
