El anuncio del republicano de Utah de que se retiraría coincidió con la noticia de que se publicará un libro basado en extensas entrevistas en las que criticó duramente a su partido y al Senado.
Por Annie Karni.
Cuando Mitt Romney, senador republicano por Utah, anunció el miércoles que no buscaría reelegirse en 2024, fue la estocada final de un largo distanciamiento entre él y su partido.
Pero Romney, candidato presidencial republicano en 2012, aclaró que no planeaba recoger sus cosas en silencio y retirarse de la vida pública.
En cambio, parece irse en un resplandor de gloria que va dejando una estela de verdades, ya que ha elegido compartir sin filtro —y muchas veces de manera poco favorecedora— lo que piensa sobre sus colegas y su consternación por lo que el Partido Republicano actual se ha convertido, al participar en una biografía muy divulgada, Romney: A Reckoning. El senador fue entrevistado durante horas por el autor, McKay Coppins de The Atlantic, y le dio acceso a correos electrónicos, textos, además de los diarios que había guardado para algún día escribir sus memorias. Al darse cuenta de que no podía ser objetivo al hablar de sí mismo, prefirió que un periodista lo hiciera.
El resultado es el tipo de libro sacado de las entrañas de Washington que no se guarda nada y que la gente anhelaba leer desde hace años. El libro saldrá a la venta el mes próximo. El miércoles, poco después del anuncio de Romney, The Atlantic publicó un extracto.
A continuación, seis conclusiones.
Romney vive como un ermitaño en Washington
Romney, de 76 años, tiene pocos amigos en Washington y no siguió el adagio del presidente Harry S. Truman de tener un perro. Eso, junto a la ausencia de su esposa, Ann, lo ha dejado en una soltería solitaria en una casa de ladrillo cercana al Capitolio, donde pasa la mayoría de las noches en un sofá reclinable de cuero, cenando sin compañía mientras ve programas de televisión como Ted Lasso y Better Call Saul.
La cena suele ser un filete de salmón, cortesía de la senadora Lisa Murkowski de Alaska, quien le regaló un congelador lleno de la especialidad de pescado de su estado natal. A Romney, a quien le gustan los pasteles de carne bañados en ketchup y azúcar morena, ni siquiera le gusta el salmón, pero dijo que lo unta con ketchup, lo coloca sobre un pan de hamburguesa y se las arregla.
Casi todos los republicanos comparten su animadversión hacia Donald Trump
En público, Romney hace tiempo que está aislado en un partido donde reina el trumpismo. En privado, revela, muchos de sus colegas, incluido el senador de Kentucky Mitch McConnell, líder republicano desde hace tiempo, de hecho coinciden con él en lo que respecta a sus pocas expectativas sobre Trump.
“Casi sin excepción”, le reveló Romney a Coppins, “compartían mi postura sobre el presidente”.
Romney llevó la cuenta de cuántos de sus colegas se acercaban para solidarizarse con él en privado cada vez que criticaba a Trump y que a menudo le decían que envidiaban su capacidad de expresar sus opiniones. En un momento dado, según contó a su personal, la lista superó la decena.
Romney también recordó una visita que Trump hizo en 2019 al almuerzo semanal de los republicanos del Senado en el Capitolio. Los senadores ovacionaron al presidente, fueron amables y alentaron sus comentarios sobre lo que Trump denominaba el “engaño de Rusia”. Asintieron cuando dijo que el Partido Republicano sería conocido como “el partido de la sanidad” después de dejar atrás el juicio político. Pero en cuanto Trump abandonó la sala, todos los senadores estallaron en carcajadas.
Señaló a los senadores Josh Hawley y J. D. Vance, así como al ex vicepresidente Mike Pence
Romney, conocido por sus buenos modales, no pudo contener su profundo disgusto por algunos de sus colegas republicanos.
“¡Por tu culpa está pasando esto!”, recordó gritarle a Hawley, senador republicano por Misuri, durante el ataque del 6 de enero de 2021 al Capitolio. “Tú hiciste esto”. Hawley, quien sugirió que Trump podía permanecer en el cargo y que la toma como presidente de Joe Biden no estaba garantizada, alzó el puño como gesto de victoria aquel día frente al Capitolio en una muestra de solidaridad con los alborotadores.
Sobre Vance, republicano por Ohio, en su primer mandato como senador, Romney dijo tajante: “No sé si puedo sentir menos respeto por alguien”. Tras leer la exitosa biografía de Vance, Hillbilly, una elegía rural: Memorias de una familia y una cultura en crisis, Romney dijo que se había vuelto su admirador. Eso hizo que la rápida conversión de Vance en un militante de Trump fuera aún más decepcionante para él.
“No es que vayas a ser famoso y poderoso porque te conviertas en senador de Estados Unidos. Uno piensa, ¿en serio, te vendes tan barato?”, dijo Romney. “¿Cómo sentarse junto a él en una comida después de eso?”.
Romney, mormón practicante, también tuvo poca consideración con un compañero de fe, Pence. Nadie, dijo, se había mostrado “más leal, más dispuesto a sonreír ante el absurdo, más dispuesto a atribuir la voluntad de Dios a cosas que eran impías como Mike Pence”.
Todo ello ayudó a Romney a llegar a una conclusión demoledora pocos meses después del asalto del 6 de enero. “Una parte muy grande de mi partido realmente no cree en la Constitución”, dijo.
Romney fantaseó con desafiar a Trump en 2024
Romney, quien buscó sin éxito la presidencia en dos ocasiones, estuvo tentado a contender por tercera vez en 2024, esta vez para montar una especie de misión kamikaze contra Trump, que solo podría ser posible para un político sin nada que perder.
“Debo admitir que me gustaría estar en el escenario con Donald Trump… y decir: ‘Eso es estúpido. ¿por qué lo dices?’”, confesó Romney. Abandonó la idea al darse cuenta de que el proyecto solo ayudaría a asegurarle otra victoria a Trump.
Luego, jugó con la idea de formar un nuevo partido político con Joe Manchin, senador demócrata por Virginia Occidental, un centrista. Su lema de trabajo era “Detengan la estupidez” y su objetivo no era presentar un candidato de un tercer partido condenado al fracaso, sino apoyar “al candidato de cualquier partido que no fuera estúpido”, explicó Romney. No está claro si el plan ha ido más allá de una mera idea.
Para Romney, el Senado es una extraña curiosidad
Romney, antiguo empresario y gobernador multimillonario, se incorporó al Senado como una especie de antropólogo cultural. En el gimnasio del Senado, capturó en su diario la extraña visión de Richard Burr, exsenador republicano por Carolina del Norte, que se ejercitaba en la caminadora en pantalón de traje y mocasines.
Sherrod Brown, senador por Ohio, y Richard J. Durbin, senador por Illinois, ambos demócratas, pedaleaban tan lentamente en sus bicicletas estáticas que Romney no pudo evitar echar un vistazo a sus configuraciones de resistencia. En su diario, escribió: “Durbin se puso en 1 y Brown en 8. 🙂 :). Mi configuración es 15, no es que esté alardeando”.
También describe el Senado como un “club para viejos” y dice que le llamó la atención la obsesión de sus colegas bien entrados en años por mantenerse en el poder.
“La mayoría de nosotros hemos intentado jugar al golf durante una semana y nos hemos dicho: ‘Bueno, pues me suicido’”, reflexionó, hablando de cómo muchos senadores ven la vida sin la influencia de sus cargos electos.
Romney advirtió a McConnell que sus vidas corrían peligro el 6 de enero
En los días previos al ataque, Romney recibió una advertencia sobre posibles actos de violencia en el Capitolio. Se preocupó lo suficiente como para enviarle un mensaje de texto a McConnell y compartir sus temores.
“En caso de que no te hayas enterado, recibí una llamada de Angus King, quien dice que habló con un alto funcionario del Pentágono que reporta que están viendo tráfico muy alarmante en redes sociales sobre las protestas que se están gestando para el 6 de enero” , escribió Romney. “Hay llamados a quemar tu casa, Mitch, a introducir armas en Washington y a atacar el Capitolio. Espero que haya suficientes planes de seguridad, pero me preocupa que el incitador, el presidente, sea quien ordene los refuerzos que la policía de D. C. y del Capitolio puedan necesitar”.
McConnell nunca respondió el mensaje de texto.
Fuente: The New York Times
