La única escuela inicial de La Peñita no tiene niños. Solo hay una madre, un padre y dos maestras que caminan, a más de treinta grados de temperatura, en lo que deberían ser las aulas. Sofocados, esquivan los fierros, ensucian sus zapatos con la tierra, respiran el polvo. Si ellos no estuvieran aquí, esta estructura de cemento, ubicada en la región Piura, al norte del Perú, en la frontera con Ecuador, solo sería un almacén de materiales de construcción: hay carretillas en lugar de carpetas, cascos junto a escaleras de madera, y un pantalón naranja –que antes le perteneció a algún trabajador de construcción civil– en lugar de libros. Todo en este lugar recuerda que la obra ha sido abandonada. Continúa leyendo Una pandemia de los ricos y los pobres: la desigualdad del gasto público en América Latina