El presidente ruso, Vladímir Putin, ha esgrimido este verano una nueva arma en el combate que libra para imponer su voluntad a Ucrania. Es la de sabotear las exportaciones de grano ucranio con el triple objetivo de privar a Kiev de una de sus escasas fuentes de ingreso, chantajear a los países pobres (sobre todo, africanos) que dependen del exterior para alimentar a sus poblaciones y provocar en el mercado un aumento de precios que redunde en beneficio de las arcas de Rusia, país que rivaliza con Ucrania como potencia exportadora agrícola. La jugada del Kremlin se materializó el 17 de julio con el abandono del acuerdo que ha permitido durante casi un año la salida a través del mar Negro de 33 millones de toneladas de grano ucranio, la mitad de esa cantidad con destino a los países más necesitados. El viernes, otra señal mostró cómo Rusia va quedándose cada vez más aislada: China, su gran aliado, anunció que envía a un delegado a las conversaciones que se celebran en Arabia Saudí hoy y mañana sobre el plan de paz del presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski. Continúa leyendo Putin o el hambre como arma