En un importante fallo judicial, los oficiales Gabriel Isassi, Fabián López y Juan José Nieva fueron condenados por el asesinato del adolescente Lucas González en el año 2021. Lucas vivía en la periferia de Buenos Aires y se encontraba con tres amigos después de entrenar en un club de fútbol de la capital. Además, otros seis oficiales fueron condenados por encubrimiento, recibiendo penas de entre cuatro y ocho años.
La condena se basó en el delito de «homicidio quíntuplemente agravado, por ser premeditado, con alevosía, por odio racial y abuso de funciones», así como por el homicidio en grado de tentativa de los otros tres jóvenes que estaban con la víctima, según dictaminó la sentencia.
El padre de Lucas, Héctor González, expresó su testimonio antes de ingresar al tribunal, declarando: «Los estigmatizaron porque eran ‘morochos’ (mestizos), porque salieron de una villa, de un barrio carenciado, pero salían de entrenar. Los vieron, los esperaron, me lo torturaron, le quemaron el cuerpo con cigarrillos, me lo acribillaron».
Entre los once acusados de alterar pruebas, cinco fueron absueltos. De los seis oficiales condenados, tres son comisarios y uno subcomisario, que recibieron penas de seis años de prisión e inhabilitación por diez años por encubrimiento. Dos oficiales fueron condenados a cuatro años por encubrimiento y ocho años por torturas, respectivamente.
Esta sentencia ha sido calificada como «histórica» para Argentina. Según el abogado querellante Gregorio Dalbón, quien citó la sentencia en una conferencia de prensa, «es histórico porque nunca antes hemos escuchado condenas por violencia institucional por odio racial». Los fundamentos de la sentencia se darán a conocer el 23 de agosto.
Los jóvenes se dirigían en el automóvil del padre de uno de ellos desde Florencio Varela, en la periferia sur, para probarse en el club Barracas Central. Mientras se detuvieron en un kiosco para comprar una bebida, un automóvil policial sin identificación se les acercó, y los jóvenes creyeron que se trataba de delincuentes, por lo que se asustaron y aceleraron para escapar. Desde el otro automóvil les dispararon. Lucas González recibió dos disparos en la cabeza y falleció horas después en el hospital.
Esta trágica historia ha impulsado a las víctimas y sus familias a ser consideradas como víctimas de violencia institucional. El fallo judicial representa un avance importante en la lucha contra la impunidad y sienta un precedente en la condena de casos de violencia policial por motivos raciales en Argentina.
Además, se han anunciado más querellas contra la Policía. Uno de los amigos de Lucas logró escapar y ponerse a salvo, mientras que los otros dos fueron tirados al suelo, esposados, golpeados y arrestados. Durante el juicio se comprobó que la policía había plantado un arma de juguete en el automóvil, alegando un enfrentamiento que nunca ocurrió. Joaquín Gómez, uno de los amigos de Lucas, relató: «Fue muy triste, me tocó perder a un amigo delante de mí. Nosotros somos jugadores de fútbol, nada más. Fuimos a comprar un jugo. Se bajaron a liquidarnos. No gritaron nada. Me tiraron al suelo, me golpearon, me dijeron que era un negro ‘villero’ y que me tendrían que pegar un tiro en la cabeza como a mi amigo».
Antes de escuchar el veredicto, el policía Ángel Arévalos, quien resultó absuelto, denunció que el jefe de policía de la Ciudad, Gustavo Breard, había presionado a los policías y sus familiares para que no hablaran sobre el caso. Los querellantes han anunciado que tomarán medidas legales contra las autoridades policiales.
Este fallo representa un paso importante en la lucha por la justicia y contra la violencia institucional en Argentina. Esperemos que este tipo de sentencias sigan siendo dictadas para garantizar que nunca más haya casos como el de Lucas González y que se promueva un cambio en el sistema de justicia para proteger los derechos de todos los ciudadanos, sin importar su origen étnico o su lugar de residencia.
