Historiador Richard J. Evans: «Populistas y nazis tienen en común que culpan al sistema político existente»

La historia, con su mirada retrospectiva, ha encontrado una nueva vitalidad en los corazones y las mentes de la sociedad moderna. En esta era de obsesión por el pasado, los libros de historia se han convertido en una especie de bestseller y los documentales históricos han inundado las pantallas de televisión. En medio de esta efervescencia histórica, el profesor emérito de la Universidad de Cambridge, Richard J. Evans, emerge como un faro de sabiduría, con su Trilogía del Tercer Reich aclamada como una crónica magistral del nazismo. Pero, según Evans, el objetivo principal de la historia no es tanto extraer lecciones directas, sino comprender los acontecimientos pasados y sus conexiones con el presente.

En una entrevista reveladora con el diario español EL PAÍS, el profesor Evans aborda temas candentes de la actualidad, desde el auge de los movimientos populistas hasta la relación entre la verdad y la propaganda en el mundo digital. El paralelismo entre los contextos sociales que allanaron el camino al nazismo y las tendencias actuales de la extrema derecha es intrigante. Evans señala que tanto los populistas como los nazis comparten un desdén por el sistema político existente, considerándolo una barrera para su visión de la «verdadera democracia». Además, resalta la peligrosa tendencia de algunos populistas de distorsionar la verdad de una manera que va más allá incluso de las tácticas de propaganda de la era nazi.

El profesor Evans también ofrece una perspicaz comparación entre figuras históricas, como Putin y Hitler. Aunque existen paralelismos entre los dos líderes en su desafío a la democracia, Evans destaca diferencias cruciales en sus objetivos y motivaciones. Mientras que Hitler tenía ambiciones ilimitadas y una creencia central en la lucha racial, Putin se enfoca en el nacionalismo ruso y la restauración de los territorios de la antigua Unión Soviética.

La cuestión de si hemos aprendido las lecciones del siglo XX o estamos condenados a repetir errores históricos surge inevitablemente. Evans sugiere que la historia nunca se repite de manera idéntica, ya que hemos aprendido de nuestras experiencias previas. Sin embargo, advierte que la amenaza de las teorías conspirativas, exacerbada por las redes sociales, es un peligro real para la democracia. La difusión rápida y descontrolada de teorías de la conspiración socava la confianza en la verdad objetiva y mina los cimientos de la sociedad.

La entrevista también aborda el delicado tema de la «cultura de la cancelación», donde las voces disidentes son silenciadas en un intento de mantener una narrativa única. Evans defiende la importancia de la libertad de expresión, incluso cuando las opiniones son ofensivas o molestas. Señala que la diversidad de opiniones es esencial para la salud de una sociedad democrática y advierte contra la supresión de la investigación histórica, como en el caso de la campaña en el Reino Unido para suspender el estudio de la esclavitud y su impacto en las instituciones británicas.

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