Un maestro deshonrado por un alcalde inepto

Por Hugo Vallenas Málaga.

La comunidad educativa e intelectual peruana fue sorprendida en la semana última de octubre por la Ordenanza Municipal 2572, que permite al alcalde Rafael López Aliaga, más conocido como “Porky”, famoso por sus falsas promesas y desatinos, convertir el Parque de la Cultura Dr. Luis Alberto Sánchez (ese es su nombre completo), anexo al histórico Parque Universitario, frente a la casona de la Universidad de San Marcos, en el Parque Luis Castañeda Lossio, nombre del fallecido y controvertido alcalde de Lima que tuvo a su cargo la gestión metropolitana los años 2003-2010 y 2014-2018 y que concluyó en farragosas acusaciones de malversación, tráfico de influencias y nepotismo.

La Ordenanza incluye, además del cambio  de nombre, instalar en el lugar un monumento al mencionado ex alcalde, lo cual implicaría erradicar el monumento ya existente en honor del gran pensador, maestro, escritor y político peruano Luis Alberto Sánchez (Lima 1900-1994). Esta decisión contradice la voluntad del propio ex alcalde Luis Castañeda Lossio, fallecido en el 2022, quien dispuso durante su segunda gestión (2006-2010) que ese parque tenga dicho monumento y dicha denominación.

¿Quién fue Sánchez?

Los parques y plazas, siendo espacios públicos de recreación en la ciudad, cumplen también una finalidad educativa. Simbolizan la gratitud del país y la ciudad hacia sus mejores ciudadanos, con el fin de preservar su memoria en las jóvenes generaciones. Luis Alberto Sánchez cumple ampliamente tales requisitos como maestro sanmarquino, como escritor y como político demócrata.

Su monumento mira el Parque Universitario y la fachada de la vieja casona de la universidad, donde él cursó sus estudios de Letras y Jurisprudencia y fue uno delos dirigentes de la reforma universitaria en 1919. Complementó, ese mismo año, la protesta y el clamor callejero contra el viejo sistema de estudios con la fundación del Conversatorio Universitario que debía renovar el estudio de nuestra historia de cara al centenario de la independencia. Y lo hizo al lado de sus condiscípulos reformistas Raúl Porras, Jorge Basadre y Jorge Guillermo Leguía.

En 1928 publicó el primer tomo de su obra monumental La literatura peruana, en cuyas páginas por primera vez se reconoce como componente indispensable de nuestra identidad cultural la creación literaria en lenguas nativas. Ese libro fue también célebre por cuestionar la acostumbrada sinonimia tradicional entre cultura criolla urbana y cultura “nacional”. Sánchez sustenta elocuentemente que lo criollo es apenas una parte mínima y la menos representativa de lo “nacional”, señalando a la cultura ancestral andina como la verdadera esencia de la peruanidad. LAS también se aparta de la acostumbrada formalidad de los académicos para desplegar agresivos desafíos, muchos de ellos aún pendientes de respuesta. Allí, además de ensanchar los fueros de la crítica literaria señalando que “vale tanto el panzudo volumen como la proclama fugitiva […], el audaz libelo, […] la oratoria y el periodismo”, Sánchez afirma que “dos razas sometidas y una despótica forman el Perú literario” y que “la literatura no se concreta a manifestaciones platónicas sino que tiene un profundo sentido humano que es preciso desentrañar”[1]. No concibe la literatura como un escapismo individualista sino como un compromiso con una responsabilidad social.

El consagrado autor de los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, José Carlos Mariátegui (Moquegua 1894-Lima 1930), prodigó amplios elogios al libro de Sánchez desde la revista Mundial, celebrando que tan exhaustiva investigación sea emprendida por “un escritor de la cultura y el talento de LAS, apto para apreciar corrientes y fenómenos no ortodoxos, antes que cualquier fastidioso y pedante seminarista”[2]. Mariátegui y Sánchez compartieron muchas iniciativas y proyectos desde la revista Amauta. Vinculando esta famosa revista con los alumnos de San Marcos, Sánchez ayudó a muchos escritores en ciernes a desplegar las alas de la creación e iniciar el vuelo. Tal fue el caso de Martín Adán (Rafael de la Fuente Benavides, 1908-1985), cuya Casa de cartón (1928) se publicó con prólogo de Sánchez y colofón de José Carlos Mariátegui.

La lucha política contra las dictaduras interrumpió su labor magisterial con detenciones y destierros. LAS estuvo fuera del país, contra su voluntad, entre 1932 y 1933, entre 1934 y 1945, entre 1948 y 1956. Pero siempre volvía a continuar su labor docente a la universidad de sus amores. Sus clases eran muy concurridas y admiradas. Acudían estudiantes de todos los años de estudios, estudiantes de otras universidades, escolares y público en general. Mario Vargas Llosa recuerda que en 1956, “gracias a él descubrí a Rubén Darío, a quien el doctor Sánchez explicaba con tanta vivacidad y versación que, a la salida de clases, yo volaba a la biblioteca a pedir los libros que había comentado”[3].

La comunidad universitaria sanmarquina lo eligió rector en tres oportunidades: 1945-1948, 1961-1963 y 1966-1969. Es el único peruano republicano en haberlo logrado. Compite con él por esta distinción el sabio peruano Pedro Peralta y Barnuevo (Lima, 1664-1743) quien fuera rector en 1715, 1716 y 1717, época virreinal que limitaba el rectorado a un año. Siendo rector y al mismo tiempo diputado o senador en esos años, Sánchez pudo influir en la modernización del sistema universitario, la mejora de los estatutos de estudios, la incorporación de numerosas carreras técnicas a la categoría universitaria y la creación de las ciudades universitarias. Gracias a él, desde San Marcos, se ha tenido como política aplicada en todas las universidades, la ampliación anual de las vacantes de ingreso.

Literatura, periodismo y política

Los largos exilios permitieron a LAS darse a conocer en toda América Latina. Ejerció con gran notoriedad como periodista de opinión, director editorial, traductor y conferencista, además de dictar cátedra en muchos países, incluso los EEUU. Fue autor de la columna periodística Cuaderno de Bitácora, publicada desde 1945, con motivo de su viaje a la fundación de la UNESCO. Es posiblemente la columna más antigua de América Latina, y la de mayor difusión simultánea en diversos medios de prensa del continente, que solo se interrumpió con su deceso en 1994.

Habiendo nacido en 1900, cuando recién el periodismo ingresaba a la época de la rotativa, el cablegrama y la fotografía, Sánchez llegó a dominar ampliamente los distintos soportes técnicos de comunicación. Fue columnista de prensa (primero de linotipo y luego de offset), de radio de onda larga y corta, “am” y “fm” y de televisión. La “Hora de LAS” todavía puede verse en grabaciones difundidas desde Youtube.

LAS hizo muchas cosas, pero sobre todo fue un gran escritor. Las mejores páginas de Sánchez corresponden, sin duda, a sus biografías noveladas. Este género, en su acepción moderna –cultivado en Europa por Emil Ludwig, Lytton Strachey, André Maurois y Stefan Zweig con fines de amplia divulgación– fue iniciado en América por Sánchez con su Don Manuel (Lima, 1930) –sobre la vida de Manuel González Prada–, siguiéndole los pasos dos años después el cubano Jorge Mañach con Martí, el apóstol (Madrid, 1932).

En las biografías noveladas Don Manuel, La Perricholi (Santiago de Chile, 1936), Garcilaso Inca de la Vega, primer criollo (Santiago de Chile, 1939), Valdivia, el fundador (Santiago de Chile, 1941), Una mujer sola contra el mundo. Flora Tristán, la Paria (Santiago de Chile, 1942), El señor Segura, hombre de teatro (Lima, 1947), Aladino, vida y obra de José Santos Chocano (Lima, 1960) y Valdelomar o la “belle époque” (México DF, 1969), Sánchez conjuga prolijamente la investigación erudita con el ingenio novelístico, agregando ficción hipotética sólo donde los fríos datos nada añaden ni sugieren. Son obras biográficamente confiables sin dejar de ser, antes que nada, amenos productos literarios. Ciertos enemigos gratuitos de la celebridad de Sánchez acostumbran decir todavía que son libros descuidados pero basta entrar en contacto con sus páginas para desmentirlo.

Sánchez publicó 104 títulos originales de historia, ensayo, política, memorias, narrativa y literatura y son muy pocos los que no han tenido más de dos ediciones. Entre los más reeditados están Breve tratado de literatura general y notas sobre la literatura nueva (Santiago de Chile, 1935), con quince ediciones corregidas y actualizadas hasta 1962, e Historia general de América (Santiago de Chile, 1942), con trece ediciones corregidas y ampliadas por el autor al paso de los acontecimientos hasta 1987. Otros títulos han tenido hasta 1994 menos de diez ediciones pero con altas tiradas, de amplia difusión continental, como es el caso de sus biografías noveladas. Y muchos títulos importantes de Sánchez equivalen en realidad a varios libros. La celebérrima La literatura peruana, con sus nutridos cinco tomos y sus seis ediciones hasta 1989, equivale de hecho a varios tomos más, ya que el autor reestructuró y reescribió completamente toda la obra.

Sánchez fue toda su vida un leal militante aprista de honradez intachable. Fue elegido dos veces como constituyente (1931-1932 y 1978-1979), una vez como diputado (1945-1948) y tres veces como senador (1963-1968, 1980-1985 y 1985-1990). En este último trámite fue también vicepresidente. Como parlamentario fue siempre respetado y admirado. Muchas leyes peruanas y muchos artículos de la Constitución de 1979 son de su iniciativa. Sánchez fue también un personaje controversial en su propio partido político. Fue un aprista que nunca entendió el compromiso político de un intelectual ni el suyo propio como una burda repetición de consignas.

Dicho todo esto sobre Sánchez, que en verdad es poco, ¿cabría compararlo con el finado alcalde Castañeda Lossio? ¿Qué podríamos decir acerca de él? Entraríamos en la crónica judicial, en la política de baja ralea, como la que también frecuenta el alcalde actual. Digamos solamente para terminar que si llega a eliminarse el Parque de la Cultura Dr. Luis Alberto Sánchez, el alcalde de turno confirmará su falta de idoneidad para tan importante cargo.


[1] Sánchez, Luis Alberto: La literatura peruana. Derrotero para una historia espiritual del Perú. Tomo I. Talleres Gráficos «Perú», Lima, 1928, p. 10, 114 y 13-14. 

[2] Mariátegui, José Carlos: «La literatura peruana por Luis Alberto Sánchez». En Mundial  Nº 434, Lima, 5 de octubre de 1928, p. 74. Comentario recopilado en el volumen Peruanicemos al Perú

[3] Mario Vargas Llosa, Mario: El pez en el agua. Memorias. Ed. Peisa, Lima, 1993, p. 448.

Fuente: Revista Vivir Bien Nº 253 – Lima octubre-noviembre 2023