En una reciente declaración, el alcalde de la Municipalidad Provincial de Trujillo (MPT), Arturo Fernández Bazán, ha generado controversia al expresar su postura sobre la delincuencia y las acciones necesarias para combatirla. Sus palabras, que sugieren una respuesta más agresiva y permisiva por parte de la policía, han generado opiniones encontradas en la sociedad.
«Debemos darle más autoridad a la policía, no al general ni generales porque huelen mal, sino que debemos darle más derechos a la policía. Tenemos una inspectoría no para que protejan a los delincuentes que son policías, sino para que proteja a los buenos policías que matan a los delincuentes. Yo quiero policías que maten a delincuentes», sostuvo Fernández Bazán.
Si bien la lucha contra la delincuencia no debe ser responsabilidad exclusiva de las autoridades, sino de toda la sociedad, es necesario enfocarse en soluciones integrales que aborden las causas subyacentes de la criminalidad, tales como la pobreza, la falta de oportunidades y la exclusión social. Promover la educación, el empleo digno y la inclusión social son aspectos fundamentales para prevenir la delincuencia a largo plazo.
Las declaraciones más polémicas del alcalde surgieron al referirse a la actuación de la policía y la necesidad de otorgarles más autoridad. Sin embargo, es importante recordar que la labor de la policía debe estar sujeta a los principios del Estado de derecho. Promover un enfoque en el que se aliente la violencia y se justifique la muerte de delincuentes no es compatible con una sociedad justa y democrática.
El alcalde también cuestionó la eficacia del Comité Provincial de Seguridad Ciudadana (COPROSEC), del cual él mismo es director. Si bien es válido plantear críticas constructivas y buscar mejorar los mecanismos existentes, es fundamental no perder de vista el propósito principal de estas instituciones: promover la participación ciudadana y coordinar esfuerzos para garantizar la seguridad de la comunidad. En lugar de desacreditar su labor, es necesario fortalecer y evaluar constantemente su desempeño para lograr resultados más efectivos.
Es comprensible que la preocupación por la delincuencia genere fuertes emociones y deseos de tomar medidas drásticas. Sin embargo, es importante recordar que la solución a largo plazo no radica únicamente en incrementar la dureza en las acciones policiales, sino en abordar las causas estructurales que generan la delincuencia y promover una cultura de respeto por los derechos humanos.

Esta opinión no es para apoyar a quien denominan «falócrata», No. Es para llamar a reflexión a quienes defienden los «derechos» humanos como algo inherente a las personas y habría que observarlos y cumplirlos en cualquier tiempo y lugar.
Bueno, yo considero que el respeto y buen trato amplio y generoso es consecuencia del amor y éste es libre y se deforma o desaparece en la obligación, en la imposición. Esto es algo que talvez pocos o muy pocos tratemos de practicar.
Sin embargo en nuestro mundo parece imperativo ya no amarnos pues desaparecería al imponerse, sino actuar «como si nos amásemos». En este afán cometemos el error de poner los caballos delante de la carreta.
Humanamente no sería posible «actuar como si nos amásemos» sino conseguimos previamente la satisfacción de las necesidades básicas. Poner normas a la policía de cumplimiento «derechos humanos» en las actuales circunstancias sería exagerado, más efectivo sería educar a la policía en serenidad y ecuanimidad y dejar en su criterio el uso de la fuerza.
Consiguiendo orden podemos encaminarnos hacia el progreso y entonces sí exigir.
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