‘No se trata de otro golpe de Estado como los de siempre’: lo que hay que saber de la crisis en Níger

Por: Declan Walsh

Al principio, el golpe de Estado en Níger se parecía a otros que han causado conmoción en África Occidental durante los últimos años. El 26 de julio, unos soldados detuvieron al presidente de Níger en su casa de Niamey, la capital. Horas después, declararon que habían tomado el poder. Las potencias extranjeras condenaron el golpe, pero no hicieron nada.

Después, el golpe tomó otro rumbo.

Estados Unidos y Francia amenazaron con cortar las relaciones con Níger, poniendo en peligro cientos de millones de dólares de ayuda. Aunque el presidente depuesto, Mohamed Bazoum, estaba detenido, pudo hablar con líderes mundiales, recibir visitas y publicar mensajes desafiantes en las redes sociales.

Los países vecinos amenazaron con entrar en guerra, unos para frustrar el golpe y otros para garantizar su éxito.

La Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) le dio un ultimátum a la junta el 30 de julio: debían restituir a Bazoum en el poder en el plazo de una semana o atenerse a las consecuencias, lo que incluía una posible acción militar.

Un día después, Mali y Burkina Faso, países vecinos, salieron en defensa de la junta. En una declaración conjunta, afirmaron que considerarían cualquier intervención extranjera en Níger como una “declaración de guerra” contra ellos (Guinea también expresó su apoyo a los militares nigerinos, pero sin la amenaza de la fuerza).

No está claro lo que ocasionó el golpe de la semana pasada. Pero, a diferencia de otras tomas del poder en África occidental, que en su mayoría fueron ignorados, el golpe en Níger se ha convertido en un asunto no negociable para muchos, incluidos los aliados occidentales.

Miles de efectivos militares estadounidenses y franceses están apostados en Níger para ayudar a combatir un aumento de ataques islamistas en la región. La cooperación militar ahora está suspendida mientras EE. UU. y Francia presionan a la junta para que restablezca la democracia. El martes, algunos países europeos empezaron a evacuar a sus ciudadanos; un día después, Estados Unidos ordenó una evacuación parcial de su embajada.

El Reino Unido desaconsejó “todo tipo de viaje al país entero”.

El desorden y el ruido de sables han sumido a la región en un estado de confusión, evidenciando profundas divisiones en África Occidental. Los golpistas insisten en que no se van a ninguna parte. Ante la preocupación de que la crisis pueda desembocar en una guerra regional, lo que está en juego aumenta con rapidez.

Si el golpe triunfa, Níger será el caso más reciente de una serie de países, desde el Atlántico hasta el mar Rojo, que son gobernados por juntas militares en África.

Los líderes elegidos democráticamente están cayendo como dominós: desde 2020, tres vecinos de Níger—Mali, Burkina Faso y Guinea— han sufrido cinco golpes de Estado.

Pero Níger parecía un caso aparte.

En Occidente, muchos habían depositado sus esperanzas en Bazoum, una figura amistosa en una zona difícil.

Aunque Níger tiene un largo historial de golpes de Estado, la elección de Bazoum como presidente en 2021 creó la esperanza de un camino democrático. Bazoum, que se declaró modernista, abogó por la educación de las niñas e intentó reducir la tasa de natalidad del país, que es la más alta del mundo. También lideró una sorprendente recuperación económica: luego de años de estancamiento, se proyectaba que la economía de Níger creciera 7 por ciento este año.

Estados Unidos y los países europeos veían a Bazoum como una figura amigable en un barrio difícil. Desde que los mercenarios de Rusia de la compañía militar privada Wagner, la punta de lanza del reciente avance del Kremlin en algunas zonas de África, fueron desplegados a Mali el año pasado, Estados Unidos y Francia se han apoyado más en Bazoum.

Unos 1100 efectivos estadounidenses y 1500 franceses están basados en Níger, donde también hay varias bases para drones. El 40 por ciento del presupuesto nacional del país está compuesto de ayuda proveniente del extranjero, que asciende a 2200 millones de dólares.

La alianza con Occidente ayudó a que Níger se volviera más seguro y las víctimas mortales de la violencia islamista se redujeron drásticamente el año pasado. Pero eso también pudo haber avivado las tensiones dentro del sector militar, contribuyendo a la gestación del golpe de la semana pasada.

La CEDEAO, la agrupación regional más poderosa de África Occidental, representa a 15 países con una población conjunta de unos 400 millones de personas. Aunque se fundó para impulsar las economías, la CEDEAO se ha involucrado regularmente en conflictos regionales.

Desde 1990, sus fuerzas de paz han intervenido para ayudar a sofocar rebeliones, mantener situaciones de cese al fuego y expulsar dictadores. Su misión más reciente fue en Gambia, en 2017, donde sus soldados ayudaron a impedir que el expresidente Yahya Jammeh anulara unas elecciones que había perdido.

Algunos quieren que la CEDEAO emule ese ejemplo en Níger. El jefe del bloque, el presidente de Nigeria, Bola Tinubu, líder del bloque, dice que África Occidental no puede permitirse más golpes de Estado y que la CEDEAO tiene que dejar de ser un “bulldog desdentado”.

“Tinubu se está tomando esta crisis de Níger como un asunto personal”, afirma Rahmane Idrissa, investigador del Centro de Estudios Africanos de la Universidad de Leiden, en los Países Bajos. “Ha sido un golpe demasiado fuerte para él y para la CEDEAO”.

El miércoles, el jefe del Estado Mayor de Nigeria, Christopher Musa, declaró a Radio Francia Internacional que, si se lo ordenaban, sus fuerzas estaban listas para desplegarse.

Sin embargo, muchos dudan de que la CEDEAO quiera entrar en guerra por la situación en Níger. Gambia, donde el bloque se desplegó por última vez, es el país más pequeño de África continental, con un ejército débil. Nígeres dos veces más grande que Francia, y su ejército ha sido entrenado por fuerzas especiales estadounidenses y europeas.

“Veremos si la CEDEAO puede seguir aumentando la presión”, declaró Cameron Hudson, analista especializado en África del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “Pero sospecho que es un bluf”.

Bazoum parece estar atrapado en un limbo.

Durante los golpes de Estado, los líderes derrocados suelen huir o son obligados a firmar una dimisión formal. Bazoum no ha hecho ninguna y se ha quedado en casa para hacer llamadas.El miércoles volvió a comunicarse con el secretario de Estado estadounidense, Antony J. Blinken, y con el presidente de Francia, Emmanuel Macron.

El domingo lo visitó el presidente Mahamat Déby de Chad, quien luego publicó en las redes sociales una foto del presidente encarcelado.

Altos diplomáticos nigerinos siguen considerando a Bazoum como su jefe.

“Si este golpe tiene éxito, será un desastre”, declaró en una entrevista Kiari Liman-Tinguiri, embajador de Níger en Estados Unidos. “Un desastre para Níger, para la región y para el mundo”.

El general Abdourahmane Tchiani, autoproclamado golpista, dijo que no cederá a las presiones.

Tchiani ocupó el cargo de Jefe de la Guardia Presidencial de Níger durante 12 años por lo que, hasta hace poco, era el encargado de la seguridad de Bazoum. Ahora es su celador.

No está claro por qué dio ese paso. Pero en un discurso televisado el miércoles en la noche, Tchiani arremetió contra las sanciones “ilegales, injustas e inhumanas” impuestas por la CEDEAO a Níger desde el golpe. Y aseguró que no restituirá a Bazoum.

La imagen de golpistas enarbolando banderas rusas en el centro de Niamey, algunos coreando eslóganes a favor del presidente Vladimir Putin, avivó las sospechas de que el Kremlin estaba implicado en el golpe.

Pero los expertos afirman que hay pocas pruebas que respalden esa idea. Sin embargo, eso no ha impedido que los funcionarios rusos vean una gran oportunidad en la crisis de Níger.

Yevgeny Prigozhin, el oligarca ruso cuyos paramilitares mercenarios de Wagner han sido desplegados en Mali, ha ofrecido sus servicios a los golpistas nigerinos. El miércoles, un miembro de la junta viajó a Bamako, la capital de Mali, donde se reunió con dirigentes de ese país y oficiales de Wagner.

Los otros posibles beneficiarios son los militantes islamistas de la región. Desde los golpes de Estado en Mali y Burkina Faso, los ataques de militantes contra civiles en esos países se han disparado. Pero en Níger han disminuido, una tendencia que muchos temen que pueda revertirse.

Si el golpe tiene éxito, “podría proporcionar una gran base, un santuario, a Wagner y a los yihadistas en el corazón de África Occidental”, afirmó Liman-Tinguiri, el diplomático. “No se trata de otro golpe como los de siempre”.

Fuente: The New York Times

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